Filosofía
Antes de ser tejido, el fique fue planta, tierra y tiempo. La obra de Albeiro no nace en sus manos, sino en el respeto por aquello que la naturaleza ya había comenzado.
El artista
Una pasión que empezó con una cuerda en el bolsillo de un niño.
Desde niño, Albeiro dormía con una cuerda en el bolsillo, que sin saberlo, pondría a su mente a trabajar en esa pasión que llevaba en la sangre, cuando su cuerpo se iba a dormir.
«No hay diferencia entre la persona y su obra. Primero se recuerda su calidez; después, su talento.»
Estudió veterinaria por amor a los animales —a los caballos, sobre todo. Hoy vive de aquello que amó desde pequeño, preservando una tradición artesanal que podría desaparecer. Su nombre se conoce más allá de las fronteras, pero conserva la misma sencillez de siempre.
No hay distancia entre la vida y la obra.
Viste lo que teje. Cultiva la fibra con la que trabaja. Lleva el fruto del campo en la mochila que hilaron sus manos. Y, sobre todo, sonríe: es la calma de quien vive de aquello que ama.
Las semillas
La misma mano que teje, también siembra.
La otra pasión de Albeiro son las semillas: guardar las variedades que otros olvidan, intercambiarlas, sembrarlas y comer del fruto de su propia tierra. Maíces rojos y dorados, fríjol, algodón. Cada semilla que conserva es una especie que no se pierde, una tradición que sigue viva.
El proceso
El viaje del fique, de la tierra a las manos.
La tierra primero.
El fique crece sin prisa bajo el sol. Nada se apura: la planta marca su propio tiempo, y ese tiempo es parte de la obra.
De la penca, la hebra.
Se extrae la fibra con cuidado y se deja secar al aire. Albeiro prefiere el color natural del fique antes que alterar su esencia.
El añil, extraído a mano.
Cuando el color es necesario, nace de la planta. Albeiro extrae sus propios pigmentos, como el añil, evitando todo lo artificial.
El nudo que aprendió de niño.
La hebra se hila y se anuda. Cada gesto guarda la memoria de aquella cuerda de la infancia, ahora convertida en oficio.
Y al final, la obra.
Lo que comenzó en la tierra llega a las manos. No es un producto: es el testimonio de una forma de vivir.
Galería
Obra selecta.
Una selección breve. Cada pieza pide tiempo, no explicación.
Los títulos son provisionales; se reemplazan por los nombres reales de cada obra.
Ahí va Albeiro, con el fruto de su trabajo al hombro, camino a una exposición.
Vestido con lo que él mismo teje, fiel a sus principios, con la misma humildad y calidez que siempre lo acompañan.
Reconocimientos
Un reconocimiento que trascendió fronteras.
Albeiro no solo teje: recuperó la técnica ancestral del pueblo Guane, casi desaparecida, y la devolvió al diseño contemporáneo. Cultiva, corta, deshila e hila su propio fique — domina cada paso, de la planta a la obra.
2024
Seleccionado para la quinta edición de uno de los encuentros textiles más importantes del mundo, junto a más de 70 maestros de 32 países, representando el tejido ancestral colombiano.
España
Colaboración de años con la firma española de diseño. Colecciones de iluminación tejidas en fique —Coccola, Bozzolo, Mikko— donde su obra se presenta como la de un artesano autor.
Sus lámparas de fique iluminaron «Come into the Light», instalación internacional de diseño presentada por Let's Pause.
Piezas presentes en hoteles, restaurantes, proyectos de interiorismo e instalaciones artísticas de distintos países.
Contacto
Si quieres escribirle a Albeiro, aquí está su WhatsApp.
Donde vive, la señal llega a su ritmo, y Albeiro también: se toma su tiempo para responder. No tanto como el que dedica a cada obra —eso sería demasiado pedir— pero, con la misma calma con la que teje, tarde o temprano te contestará.